Causas de la perdida auditiva

Causas y tipos de pérdida auditiva.

La pérdida auditiva tiene varios matices que nos permiten hacer una clasificación sobre la misma. La clasificación más empleada se realiza en cuando al nivel de pérdida auditiva, encontrando 4 tipos: leve, moderada, severa o profunda. Entre mayor sea el nivel de la pérdidas auditiva mayor el daño presentado en el sistema de audición y menor el entendimiento que tienen el paciente de lo que alcanza a escuchar.

  1. Pérdida auditiva Leve: Pérdida poco significativa, provoca poca repercusión funcional. El paciente puede desempeñar sus actividades diarias sin mayor problema.
     
  2. Pérdida auditiva Moderada: Pérdida evidente, paciente y quienes rodean notan un problema de audición. Paciente nota mejoría cuando piden que le suban el volumen de la voz. La mayor dificultad de entendimiento se presenta cuando el paciente se expone a ambientes con mucho ruido.
     
  3. Pérdida auditiva Severa: importante disminución en la audición, el paciente tiene poco entendimiento y es evidente que se apoya en la lectura labiofacial para poder sostener una conversación. El paciente frecuentemente pide que le repitan lo dicho y fija su mirada en los labios del interlocutor. El paciente presenta una dificultad importante para desenvolverse en su medio. En el caso de adultos mayores el paciente se aísla evitando contacto con otras personas.
     
  4. Pérdida auditiva Profunda: el paciente solo es capaz de escuchar sonidos de alta intensidad. Quienes conviven con él logran darse a entender únicamente a gritos y acercándose al oído del paciente, y en algunos casos ni de esta manera se logra una comunicación. Paciente ampliamente limitado, incapaz de interactuar con el medio que lo rodea.

 

Las causas que desencadenan la pérdida auditiva son muchas y variadas y en muchas ocasiones no es posible ubicar la causa específica que está provocando la pérdida auditiva de un paciente.

Entre las causas más comunes de pérdida auditiva se encuentran:

  • Oclusión del canal auditivo por tapones de cerumen u objetos extraños.
  • Infecciones en el oído, agudas y crónicas.
  • Perforaciones timpánicas, agudas y crónicas.
  • Alteraciones en el funcionamiento de la trompa de Eustaquio (estructura encargada de regular la presión dentro del oído).
  • Otoesclerosis: enfermedad que condiciona un crecimiento anormal de los huesecillos dentro del oído. Lo que dificulta la conducción del sonido a través de ellos.
  • Trauma acústico: exposición ruidos de elevada intensidad puede provocar daño del sistema auditivo.
  • Presbiacusia: deterioro progresivo del oído condicionado por la edad. Se observa a partir de los 50 años y afecta principalmente la audición de frecuencias agudas.
  • Traumatismo craneoencefálico: golpes fuertes en la cabeza pueden provocar daño en las estructuras internas del oído o en las zonas cerebrales que controlan la audición.
  • Evento vascular cerebral: los conocidos como “infartos cerebrales”, si ocurren en una región del cerebro que controle la audición, pueden dejar como secuela una pérdida auditiva.
  • Malformaciones congénitas: existen alteraciones durante el embarazo que condicionan una formación incompleta o alterada de las estructuras del oído.
  • Infecciones virales: algunas enfermedades como el sarampión, rubeola, paperas, herpes y meningitis; pueden afectar las estructuras que controlan la audición y provocar pérdida auditiva.
  • Medicamentos: algunos medicamentos que se ocupen de manera inapropiada, tienen la capacidad de provocar daño a las estructuras que controlan la audición (antibióticos, antiinflamatorios, antineoplásicos, diuréticos).

Es importante acudir con un profesional en audición para recibir orientación y recomendaciones sobre la mejor solución para un problema de audición.